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Los hijos de la Perestroika

La escultura Lev Tolstoi y las gallinas, de Oleg Kulik, muestra al escritor debajo de una multitud de gallinas que lo bañan en excrementos, mientras él, imperturbable, escribe dentro de un gallinero. En otra parte de la exposición Kulik ha colocado en medio del policía a un policía abatido con un martillo incrustado en la cabeza.

En un desorden absoluto, que se podrá ver hasta el 29 de septiembre en el Arts Santa Mònica de Barcelona, es la muestra de arte ruso contemporáneo más importante que se haya mostrado en España.

Además de ser una trabajo antológico estupendo sobre las tendencias actuales del arte ruso de los últimos años, es también una excelente acercamiento sociológico al país. Los artistas abordan sin complejos los temas más controvertidos de la sociedad rusa de los últimos años: el poder, la represión, los grupos alternativos, la tradición, la religión, el sexo.

La exposición está auspiciada por la fundación cultural ArtChronika, editora de la revista más importante de arte en lengua rusa y creadora en 2007 del Premio Kandinski, una iniciativa independiente, ajena a las instituciones de gobierno. Los más de cuarenta artistas rusos representados en esta muestra forman parte de la lista de ganadores y seleccionados del Premio.

Entre ellos destacan Dimitri Prigov, Alexander Brodski, Dimitri Gutov, Vadim Zajarov, Irina Korina, Oleg Kulik, Igor Mujin, Boris Orlov, Anatoli Osmolovski, Pavel Pepperstein, Nikolai Polisski y Blue Noses o Mish-Mash, entre otros.

Una pieza de Gutov, Oranta (arriba en la imagen), muestra a un grupo de personas rezando en una de las salas del segundo piso. Otra de las piezas que llama la atención son los montajes y las caracterizaciones del colectivo Blue Moses. En Verdad Desnuda. La historia de nuestro tiempo vista con los ojos de un filisteo, muestra a varios líderes rusos, desde Lenin, Yeltsin, Gorbachov a Putin, en situaciones comprometidas, disfrutando en medio de orgías con personajes como Marylyn Monroe, Kennedy, Sadam Hussein, todos imaginados con poca ropa encima de un sofá. Este mosaico pop, mezcla de humor y crítica, también se presenta en un vídeo metros más adelante.

En la fotografía Tiempo de Compasión, otra de las obras del colectivo formado por Alexander Shaburov (Berezovsky/Sverdlovsk, 1965) y Viacheslav Mizin (Novosibirsk, 1962), se muestra a un par de policías a rusos besándose con pasión.

La exposición ha sido comisariada por Andrei Erofeev y se ha podido ver anteriormente en Riga, Berlín y Londres.

Álvaro González

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Los Huerfanitos no tienen dinero

Los Huerfanitos se han quedado sin dinero. La muerte de su padre, Ausias Susmoza, dueño del Pigalle, un teatro madrileño venido a menos, reúne después de mucho tiempo a sus tres vástagos, quienes se tienen que enfrentar a la tragedia de enfrentar una enorme deuda heredada. El banco ha avisado a Argimiro, Bartolomé y Críspulo quedarse con el Pigalle y cobrarse así el pago.

Por lo tanto, la única manera posible para conservar el teatro es ganando una subvención, y para eso los hijos tendrán que preparar, con el tiempo en contra y en plena crisis mundial (y familiar), un montaje teatral que llevará el  título La vida. Sin embargo, los jóvenes productores odian el teatro, lo que los enfrentará a situaciones divertidas.

“La novela trata de un pobre imbécil (Ausias Susmozas) que debe un dinero que sabe que no pagará en su puta vida”, afirmó el escritor y director de cine Santiago Lorenzo (Portugalete, 1964), durante la presentación ayer en Barcelona de Los Huerfanitos (Blackie Books).

Lorenzo estuvo ayer en el Arts Santa Mónica invitado por el ciclo Cine Low Cost para presentar su más reciente libro y proyectar la película Mamá es Boba (1997), dirigida por el propio autor y considerada filme de culto del cine independiente.

Aunque habló poco del libro, Lorenzo recordó que hay pasajes en la novela que han ocurrido en la realidad y muchas cosas autobiográficas. En la novela un actor en uno de los ensayos de la obra lee el guión con todo y las indicaciones, algo que sucedió realmente al novelista con una actriz mala que le fue impuesta en una película anterior. ”La gente que mola hay que meterla”, dijo riendo.
El autor, que se ha pasado del “celuloide a la celulosa”, aseguró que tiene más control en una novela que en una película. “Muchas veces piensas en un plano determinado y pasas horas colocando los elementos como quieres, quiero por ejemplo que este vaso salga completo, o a la mitad, luego se hace la toma y finalmente queda fuera. En una novela una coma es una coma”.

“La gente dice que ya no hago películas, pero esto ¿qué es?”, dijo señalando la portada del libro.

Lorenzo, jubilado de momento del séptimo arte, ganó un Goya en la categoría de Mejor Corto de Animación por Caracol, col, col en 1995 y es autor de la novela Los Millones (Libros Mondo Brutto).

Álvaro González

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