
Nicodemo está cansado del mundo. De su banalidad, de su estupidez, del circo en el que se ha converitdo. Así que decide retirarse al desierto. Nicodemo, Nick, como moderno anacoreta, se aisla en busca de la tranquilidad, pero el tiempo demostrará que no será fácil obtener una vida contemplativa, y que será muy difícil abstraerse de las distracciones del mundo contemporáneo.
Esta es la sinópisis de Vapor, el nuevo cómic de Francesc Capdevila, mejor conocido como Max, publicado por La Cúpula.
En este nuevo mundo Nick conoce personajes, el gato Mosh (por Moisés), la Reina de Saba, y el ser supremo, Vapor, quien da nombre a la novela gráfica. El libro narra la historia de un ermitaño, una metáfora, según el autor, de lo que pasa en un mundo donde las distracciones son las nuevas tentaciones, representados en el personaje de San Antonio.
“El desierto, en este libro, tiene mucho de escenario teatral. La inmensa mayoría de las viñetas son planos frontales con fuga hacia el horizonte. Apenas hay picados o contrapicados. Buscaba que el horizonte, como límite que separa el cielo de la tierra en un espacio bidimensional como es el de los dibujos, fuera omnipresente, para remarcar la imposibilidad de Nick de despegarse del suelo. Pero al mismo tiempo también quería captar el latido del desierto, su respiración, su sonido”, comenta Max en un blog que ha abierto sólo para hablar del proceso de creación del libro.

“Cuando de desiertos se trata, hay dos referentes ineludibles en el cómic: Herrimann y Moebius. Mientras hacía Vapor leí las últimas reediciones de Krazy Kat, y también el inmenso Inside Moebius. Me fijé, desde luego, en cómo hacían ellos para representar el desierto, pero solo para buscar una dirección distinta. El desierto de Vapor tenía que ser puramente mineral, la verticalidad de las rocas tenía que crear una tensión constante con la horizontalidad del suelo”.
La novela, agrega quien fuera Premio Nacional de Cómic en 2007, comenzó a formarse en su cabeza cuando conoció La tentación de San Antonio de Gustave Flaubert. “La disfruté tanto que empecé a soñar con la posibilidad de ilustrarla, y de hecho lo propuse pocos meses después a un par de editoriales, aunque sin éxito alguno. Otra opción era hacer un cómic a partir de ella, y también la estuve sopesando, pero ¿a quién iba a interesar hoy en día la historia de un santo buscando a dios y acosado por los demonios? Fue entonces cuando se me ocurrió enfocarlo de otra manera: ¿Cómo sería un anacoreta en el mundo de hoy, en el que ya nadie cree ni en dios ni en el diablo? ¿Qué podía llevarle a retirarse voluntariamente a la soledad del desierto?”, afirma Max.
Redacción Cuello Blanco Magazine
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