¿Y si las bicicletas no fueran tan cool como parecen?

¿Y si resulta que las bicicletas son menos cool de lo que parecen? Tan defendidas por distintos colectivos durante los últimos años, reivindicada como la gran solución a los problemas de movilidad de las grandes ciudades, objeto de moda, en ocasiones parecen sobrevaloradas, sobre todo en ciudades en las que su implantación es una realidad y corren el riesgo de morir de éxito.

Los ambientalistas afirman que es necesario replantear las ciudades tomando en cuenta a todos sus actores, bicicleteros, incluidos. Pero quizás en algunos casos se cae en verdaderas exageraciones y mucha demagogia. En ciudades que no están preparadas para ellas, como la Ciudad de México o Madrid, las bicicletas representan más un peligro que una solución real a los problemas de movilidad. Intenten pedalear desde algún punto de la periferia al centro en bicicleta en estas ciudades y sabrán que lo que es un verdadero deporte de riesgo.

El escritor Sergi Pámies publicó hace una semana una columna en la que hablaba de estos  y otros problemas originados en la idealización de la bicicleta. Lo hacía a raíz de la publicación de Mari Klinski (Honolulu Books), un divertido “pseudo” ensayo biográfico de Ainhoa Rebolledo  (Santiago de Compostela, 1987) en el que la autora habla de su relación con la bicicleta en ciudades como Madrid, Berlín o Barcelona.

“Barcelona vive una guerra cruenta y clandestina. El enemigo son los ciclistas, idolatrados por el medioambientalismo cosmopolita”, escribió Pámies.

Rebolledo cuenta en el libro historias que son conocidas para la mayoría de los que usamos la bicicleta como medio principal de transporte: los robos son el pan de cada día, las ordenanzas de los ayuntamientos a veces son ridículas e ineficaces.

La historia del libro comienza precisamente con Mari Klinski, como Rebolledo, autora del blog  “Let’s Pretend we were drunk”,  llamaba a una bicicleta de segunda mano que compró en Barcelona, y que por supuesto, terminó en manos ajenas.

“Cuando tenía cuatro años (principios de la década de los noventa), mis padres me compraron mi primera bicicleta. Era una BH bastante molona de esas por las que los hipsters de Barcelona morirían veinte años después (década de los diez!). Una de esas. Tenía unos ruedines de hierro que además de ejercer su función de sujeción –a la tierra, en ángulo recto– la hacían también de GPS muy siglo XX: hacían tanto ruido que mis padres podrían saber EN CUALQUIER PUNTO DEL RODAJE mis coordenadas exactas con un margen de error de 200 metros”, se lee en el libro.

Ainhoa ha publicado también ¡Maldita Sea! Antropología de la noche madrileña, un eBook que se puede comprar en la web Sigueleyendo.

Redacción Cuello Blanco Magazine
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2 pensamientos en “¿Y si las bicicletas no fueran tan cool como parecen?

  1. Las ciudades nunca estarán listas para los ciclistas y peatones, si los ciudadanos no usamos el espacio para pedalear y caminar. ¡Se hace camino al andar… y al rodar!

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